Reflexión. Belén Pozo y Elisa Vaca.

Hemos tenido la gran suerte de que un niño que acude al centro por fin, se abriese, y compartiese con nosotros este testimonio. De eso modo pudimos entender cómo se puede sentir un niño ante ciertos hechos. Os dejamos sus palabras, se trata de un chico de 13 años de edad, que salía de su clase para acudir a recibir apoyo, al que estuvo acudiendo desde los 6 hasta los 10 años de edad. Esperamos que sirva de reflexión.

“Me sacaban para darme clases y me ponía triste, yo quería estar con mis compañeros. Me decían que me costaba un poco más que a los demás. Me sentía inútil. Me ponían ejercicios de niños pequeños y yo me preguntaba que por qué estaba allí. No era el único que iba a esa clase, había más niños pequeños y eso ya me hundía del todo. Hay que ser inútil para ir a esa clase, pensaba yo. También acudía otro niño de mi clase que ese sí que era tonto y yo me preguntaba, si ese y yo vamos a la misma clase, entonces yo soy igual de tonto. Eso me ponía muy triste. Además después para casa, me mandaban hacer deberes diferentes a mis compañeros. Siempre he sido tonto.”

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