TIEMPO NO ESTRUCTURADO. Aida Mañero Ocarranza

Hoy en día es relativamente frecuente encontrar en la práctica terapéutica niños y niñas a los que sus padres apuntan a toda clase de actividades extraescolares; practican algún deporte, aprenden a tocar un instrumento musical, reciben clases de pintura… todo esto no tiene por qué interpretarse como algo negativo para el propio niño, sino todo lo  contrario, beneficia y contribuye en buena medida a su óptimo desarrollo, tanto físico como intelectual y emocional.

No obstante, este afán de los padres porque sus hijos realicen diferentes actividades, en ocasiones también responde, entre otras razones, a un esfuerzo destinado a que los propios niños no se aburran durante el tiempo libre de que disponen; parece como si esos mismos padres experimentasen miedo o les preocupase que sus hijos pudiesen aburrirse o incluso frustrarse en un momento dado, y por ello es necesario que todo el tiempo del que puedan disponer sus hijos esté perfectamente planificado y estructurado, sin existir alguno margen para la improvisación.

Ante esta situación, cada vez son más los psicólogos y otros profesionales que defienden el denominado “tiempo no estructurado”, el cual da la oportunidad al niño de explorar y experimentar por sí mismo, favoreciendo a su vez esto el desarrollo de la creatividad y la imaginación. Durante este tiempo no planificado, el niño puede decidir y pensar qué es lo que quiere hacer, y manejar esos periodos como desee, todo lo cual le permitirá además aprender a administrarse el tiempo en un futuro.

Uno de los objetivos del tiempo libre y de ocio es que la persona se divierta durante el mismo; haciendo uso de este tiempo no planificado, se permite al niño que sea él mismo el que descubra qué es lo que le interesa, le gusta y le llama la atención, puesto que en un gran número de ocasiones, los niños de hoy en día se aburren porque no han aprendido a hacer uso de su creatividad e imaginación.

No ocurre nada porque un niño se aburra por un periodo de tiempo, y los padres no deben temer este hecho, ya que es muy probable que si dejan al niño, después de ese espacio temporal surja una idea o un juego fantástico que hasta ahora no se le había ocurrido. Para que surja la imaginación y la creatividad es necesario que exista un periodo previo de exploración y reflexión.

Con todo lo expuesto hasta aquí, no se quiere dar a entender que únicamente se haga un uso del tiempo libre de este modo, e incluso se vuelve a mencionar lo citado en el primer párrafo, esto es, es beneficioso para el niño el realizar alguna actividad o deporte. Se entiende que habrá momentos más estructurados y momentos que requieran de una menor planificación, en los que no obstante, los padres deberán acompañar y guiar a sus hijos en la exploración, pero dejando que sean ellos mismos los que vayan poco a poco descubriendo sus gustos e intereses.

En resumen, es necesario que los padres sean capaces de llegar a un término medio en lo relativo al tiempo libre y de ocio de sus hijos, es decir, deben procurar alternar periodos de actividades extraescolares y programadas con periodos de tiempo en el que sean los propios niños los que descubran que les gusta y qué hacer.

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